La frutilla -con sus tonos rojizos y sabor inigualable- ha inspirado poemas, dibujos animados e incluso al mismísimo John Lennon…
quien tituló una de sus canciones más ovacionadas con el nombre de “Strawberry Fields” (campos de frutillas).
Y no es para menos… este delicioso berry ha acompañado a la humanidad desde tiempos remotos. Su historia data de la época de los romanos y es probable que incluso se remonte a los griegos.
Las primeras pruebas que dan testimonio de su existencia se encuentran en el libro de historia natural número 21 de Plinio, en que se afirma que es un producto natural de Italia. Otra referencia la hizo el médico griego Nicholas Myrepsur, quien señala que este fruto asegura una vida saludable.
En el año 1300 las frutillas empezaron a cultivarse en Europa, primeramente en los sofisticados jardines franceses de manera ornamental. Luego, las coronas francesa e inglesa las incorporaron en sus mesas.
Con el correr de los años surgieron diversos testimonios que mencionan a este fruto pero, sin dudas, uno de los eventos más importantes en la historia de la frutilla cultivada es en 1714, cuando el explorador francés Amedée François Frézier, comisionado por el Rey Luis XVI para realizar estudios cartográficos en el sur de Chile, encontró un tipo de frutilla en pequeños huertos campesinos cercanos a Concepción.
Este tipo de frutilla era cultivado por los habitantes de esta zona: los Mapuches y Huilliches. Estos indígenas llamaban a la frutilla silvestre “llahuen” “lahuene” o “lahueni” y la cultivada como “quellghen”, que más adelante se conocería por los españoles como frutilla.
Tras encontrar esta fruta, Frézier decidió llevarla a Francia. La travesía a bordo de un barco duró seis meses, hasta que finalmente arribó a puerto con las cinco plantas en buenas condiciones.
A su llegada regaló un espécimen al director del jardín real de París, quien la plantó junto a plantas de F. virginiana. Ambas, el fruto recién llegado de América y aquel plantado en los jardines de Francia se cruzaron espontáneamente y el magnífico resultado es la frutilla cultivada Fragaria x ananassa, un fruto de mejor color, tamaño y forma.
Hoy, después de convivir con indígenas, atravesar un océano y enamorar a los más exquisitos paladares de la realeza, la frutilla ha conquistado a personas de todas las nacionalidades y razas y ha llegado para quedarse a los cinco continentes.
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