Luis creció en el sur escuchando las instrucciones que le daba su abuela para cocinar, fue aprendiendo cosas como las medidas para preparar distintos platos, el tiempo de cocción que necesitaban los alimentos, entre otras cosas. Fueron los primeros pasos de un profesional que llegó a cocinas tan importantes como Astrid y Gastón, El Europeo, Monticello y hoy es chef ejecutivo de El Templo del Inka, especialista en comida Peruana.
Cuando llegué a Santiago me vi en la necesidad de trabajar y comencé en una pastelería a los 18 años. Fue una experiencia bastante anecdótica porque me presentaron como ayudante pastelero, cuando yo nunca en la vida había tocado un pastel, finalmente me asusté tanto que no serví. Esto me marcó y me hizo poner más interés en lo que estaba haciendo, era un desafío personal así es que regresé por una segunda oportunidad y me destinaron a hacer el aseo, pero siempre observaba lo que pasaba en la cocina y trataba de aprender. Así fui creciendo y desarrollándome más en el área de cocina, incluso me pusieron un profesor y él me motivó a estudiar gastronomía.
Creo que la mayoría de los restaurantes peruanos se quedaron en el lomo saltado y el ají de gallina, pero en Perú hay una tremenda variedad de gastronomía. Pienso que hay que innovar y eso hemos hecho con la carta que presentamos en el Templo del Inka.
Berries
Creo que realmente son una “inspiración de la naturaleza” y en lo personal, son sabores que me llevan un poco al sur. Además como son una fuente tremenda de antioxidantes, la gente los pide mucho más.