OSCAR TAPIA:
Chef Ejecutivo Viña Indomita
En estos días que la gastronomía de nuestro país pasa por un boom inexplicable, me siento a contemplar el hermoso valle de Casablanca y me pregunto: ¿por qué existen tantas escuelas de gastronomía?, ¿por qué egresan más de 2000 alumnos por semestre? (sólo en Santiago y la V Región), ¿existe campo laboral para todos?. Por más que me cuestiono, no encuentro la razón de ser.
En mi generación se estudiaba cocina, no gastronomía, alucinábamos con ser cocineros, no Chef, creo que el concepto esta bastante difuso en el tiempo y el espacio. No tengo claro cuál es el horizonte de los nuevos cocineros de este país, ya no todos tienen la cocina como parte de un sentimiento, ahora -si no hay sustanciosos sueldos de por medio -no tenemos jóvenes interesados. Asumo que también se debe a la alta inversión que realizan estos, dados los valores que pagan en sus escuelas.
Me preocupa que los jóvenes quieran sólo figurar y no cocinar, quieran ser parte las cámaras y las luces, más que de ollas y sartenes. Quieran egresar de sus escuelas y ser Chef, más que cocineros. Creo que es bastante positivo de cuando en cuando sentarse, tranquilamente y preguntarse: “Yo soy un cocinero; ¿qué quiero hacer en mi vida?, ¿para qué estudié cocina? y ante estas preguntas existen millares de respuestas, ¿cual será la nuestra?
Hace ya un tiempo me hice esa pregunta, y encontré por fin mi ansiada respuesta: quiero enseñarle a las personas a comer… sí, aunque no lo crean esa es mi respuesta, bastante ambiciosa por decir lo menos.
Siempre he dicho y pensado que es muy fácil cocinar con trufas, caviar, foie gras, etc. Sé que también es muy fácil engañarse y sumergirse en las tendencias de moda como lo fue la cocina fusión, la nueva cocina chilena, la decontrucción o la poco clara cocina “ecléctica”.
Es por eso que también hago un ejercicio mental y pienso si yo estoy inserto en alguna de esas tendencias. La verdad creo que no, aunque debo reconocer que siento alguna atracción y admiración por más de una, creo que en este momento trato de rescatar lo mejor de lo mejor, la crem de la crem. Los logros son temporales, y por eso insisto en ser terco, obstinado y nunca agotarse de buscar y buscar, para ser día a día mejor.
Trato de rescatar lo mejor, todas las cosas nos aportan algo, cosas positivas y negativas, está en nosotros dejarnos lo bueno y desechar lo malo. Es por eso que les hago esta invitación, a sentarse en algún lugar de su entera satisfacción, donde puedan realmente respirar hondo, oxigenar su mente y cuestionar, cuál es su objetivo, cuál es su horizonte.
Y no sólo hago esta invitación a las nuevas generaciones, que llevarán las riendas de nuestra gastronomía en algunos años, si no que también a los que llevan años de circo, viajes y concursos en el cuerpo. Les recuerdo que todos, pero absolutamente todos estamos propensos a caer en algún momento, la soberbia no conduce a ningún camino, y la humildad es una virtud que deberíamos tener todos los cocineros en nuestro corazón.