La mora o zarzamora crece en un arbusto nudoso de ramas espinosas, que pueden medir hasta tres metros. Tienen flores blancas o rosadas que brotan en racimos. Su fruto es la mora, semejante a una baya comestible cuyo sabor es dulce cuando está bien madura, con algunos matices ácidos.
La mora está compuesta por pequeños glóbulos unidos en un racimo, que contienen una diminuta semilla en su interior. Primero son de color verde, después rojas y cuando están maduras, adquieren un color negro brillante.
Una antigua leyenda babilónica dice que este fruto en su inicio tenía un color blanco, pero tras el trágico final de un sublime amor entre dos jóvenes se tornó en púrpura oscuro, como señal de una profunda tristeza.
Pese a su exquisito perfume y sabor, la mora sólo comenzó a cultivarse alrededor de 1850. Es un fruto mayoritariamente silvestre de crecimiento acelerado. Es apta para consumo natural y en preparaciones como mermeladas, jaleas y postres, pero su sabor agridulce, convierte a la salsa de mora en un acompañante perfecto para las carnes.
Dentro de sus beneficios nutricionales destaca su bajo aporte calórico, siendo una buena fuente de fibra que mejora el tránsito intestinal. Son ricas en vitamina C y E ayudando en el tratamiento de problemas circulatorios y grandes beneficios antioxidantes. La mora además es rica en pectina, fibra soluble que ayuda a reducir los niveles de colesterol en la sangre.