Hablar de gastronomía es también hablar de historia y cultura. Podemos decir que la gastronomía chilena es el resultado de una mezcla entre la tradición indígena y la influencia de los conquistadores españoles, sin olvidar los aportes de la cocina francesa a partir del siglo XX.
La exquisita mezcla cultural de la época de la conquista fusionó el aporte del pueblo mapuche que aportó con papas, maíz y porotos, y los españoles que introdujeron el trigo, pollo, cerdo, vacunos y ovejas, dando así origen a los platos más típicos de Chile.
Con el paso de los años, las costumbres a la hora de compartir en torno a una buena comida no han variado mucho. Antiguamente el primer plato era llamado “de residencia”, elaborado con carne, pescado o ave; luego se servía el “guiso abundante” compuesto generalmente por choclos y papas. El toque final lo daba el postre de frutas, en especial frutillas, chirimoyas y lúcumas, para concluir con un agua de hierbas.
En cuanto a la repostería las monjas fueron sus principales promotoras durante el siglo XVII, no por nada hasta nuestros días se conoce la expresión “con mano de monja” para referirse a que un postre es realmente delicioso.
La herencia culinaria criolla ha sido transmitida por generaciones de una manera que conservamos hasta nuestros días: las añosas recetas familiares que permanecían en el más estricto secreto fueron -con el pasar de los años- dando vida a la gastronomía tradicional de nuestro país.
La historia de la cocina chilena se sigue escribiendo y pese a la gran influencia extranjera que nos ha acompañado durante años, podremos seguir diciendo orgullosos: ¡si es chileno, es bueno!